Sara Curruchich: “Mi trabajo es una contribución a erradicar la discriminación”

Sus canciones expresan las aspiraciones y preocupaciones que viven los pueblos indígenas en el país. En el 2012 integró el grupo de rock mam “Sobrevivencia” y recibió la invitación para participar en el “Konzert Zum Ende Der Zeit” en el marco del cambio de era maya, junto a la orquesta Filarmónica de Dresden, de  Alemania.  En marzo del 2014, participa en XXX Festival del Centro Histórico de México, cantó nuevamente acompañada de la Orquesta Filarmónica de Dresden, en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, durante el concierto “Codex Dresdensis”. En México, se grabó en estudio la canción Ch’uti’ Xtän (Niña). El material más reciente de Sara Curruchich e Hijas de la tierra (2017), con un video dirigido por la Pamela Yates, estadounidense, reconocida por sus documentales enfocados a los derechos humanos. Yates dirigió Cuando las montañas tiemblan (1983), film sobre la guerra en Guatemala.

  Por Jorge Sierra/LOCAL TIMES/Fotos Alex Sandoval/LOCAL TIMES

“Que no mueran los sueños, que no se apague la luz, que no languidezca la esperanza, que no se apague el amor”, ese ánimo es lo que busca transmitir la cantautora guatemalteca Sara Curruchich en su tema Resistir. Esta canción, abrigada a ritmo lento y de estilística country. Esta joven cantante participó en una gira por EE. UU., con un alto especial en la ciudad de Nueva York en mayo de 2015 , para cantar en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

Esta vez Local Times decidió conversar con ella para conocer más de cerca a esta joven indígena de folk urbano que aparece en la televisión, en los diarios escritos, en las redes sociales, que participó en el tercer aniversario de las comunidades en resistencia en La Puya (San José del Golfo) y que emerge con fuerza en el ambiente musical del país, entre otras actividades.

Ante todo hay que decir que Curruchich posee una voz dulce, es muy respetuosa, de buenos modales y de un ánimo irrefrenable. Además tiene una seguridad especial, producto de su conciencia de identidad y condición. Creció como cantante en el 2011. La muerte de su padre, ocurrida en el 2003 la dejó en el limbo durante ocho años. Pero desde niña guardaba grandes deseos de ser artista. “Cuando tenía unos 10 años pensé en los escenarios, en aparecer en los medios de comunicación, pero fue algo que vi muy lejano y que quizá nunca podría pasar. Cuando los amigos de mis hermanas hablaban de hacer una banda musical yo les decía: ‘Yo quiero estar ahí’ (ríe). Así empezó esto”. Hay que saber que su padre cantaba con guitarra en ristre y tocaba violín, su madre también canta. Su padre tenía un grupo que cantaba serenatas, su tío y sus primos (por parte de padre) son músicos, aunque también tiene primos pintores. De manera que Curruchich trae en la sangre la vocación artística.

¿De qué música, de dónde nace tu inspiración musical, de lo que cantaba tu padre o de lo que escuchabas de la música pop o de la trova?

-Desde muy niña yo quería tocar con mi papá y cantar como mi mamá. Después de la muerte de mi padre hubo una interrupción. Todo lleva un proceso y eso ocurrió conmigo, incluso de querer componer. Llegó un momento que pude componer una melodía o escribir una canción. Pero sí hubo un momento en que descubrí todo lo que acontecía en el país, en mi pueblo. Sentí la necesidad de hacer una pequeña contribución a través de la música, que es lo que yo puedo hacer. Estoy segura de que a través de la música se puede incidir en las personas y se pueden enviar mensajes positivos, de unidad entre todos. De ahí que esa sea mi forma de escribir. Estoy consciente de que no busco palabras muy rebuscadas porque me gustaría que otras personas se sintieran identificadas con ellas. Mientras más personas puedan compartir o sentir lo que transmito, más me alegro.

Perdón que insista, ¿de dónde viene tu influencia musical?

-Mucho (viene) de la Naturaleza. Siento que, como seres humanos, en estos tiempos hemos perdido la conexión con la Naturaleza y cuando canto me siento conectada con todo.

¿Tu padre cantaba boleros o qué era exactamente lo que cantaba?

-No, mi papá cantaba música religiosa. Estamos en un país donde nos arrebataron nuestras tradiciones y la práctica de la cosmovisión maya, algo que se tachaba de satanismo. En fin, el cantaba esa música porque todo el entorno era religioso. Yo crecí en un ambiente totalmente religioso, católico.

¿Ahora pones atención a algún artista?

-Me gusta Macaco (se refiere a uno de los artistas españoles más importantes de la escena). Me encanta, siento que su mensaje y su forma de expresarse son valiosos.

¿Crees que en tus canciones subyacen las tradiciones y la cultura de tus abuelos y de tu pueblo (kakchikel)?

-Pienso que sí. Por ejemplo, el incluir el idioma ya es un rescate. Es una reivindicación nuestra. Los idiomas forman parte de nuestra cultura, pero se han ido perdiendo. Las patojas ya no quieren hablarlo porque sienten el temor de ser discriminadas. Con esa conexión de la que hablo que hay con la Naturaleza, pero también el saber, el poder y la lucha que tienen nuestros pueblos son factores a los que les doy valor, a la ancestralidad de nuestros abuelos y abuelas. También la ropa que, aparte de tener una gran historia, lleva una gran carga semiológica. Sí tiene que ver.

¿De qué hablan tus canciones?

-Trato de reflejar un poco el valor de la vida. En estos momentos todos estamos tan globalizados, con tanta superficialidad que nos centramos más en el precio de todo y nos olvidamos de la verdadera esencia. Yo con mis canciones quiero reflejar el valor que tiene la vida, que también se lucha por la vida, no solo por la mía sino por la vida de los demás. Y con una visión femenina.

¿No son autobiográficas?

-No, no, no. Por supuesto que hay algunas canciones que son historias personales, pero es más una visión del panorama que puedo tener.

¿Existe alguna preocupación tuya a la hora de escribir las canciones?

-A mí me preocupa bastante no mostrar que hay muchas personas que luchan o que son defensoras de los derechos humanos, del territorio, de la tierra, del derecho a poder tener derechos. Eso es lo que quisiera reflejar, y por supuesto los temas de contaminación, me preocupa lo que hacen las empresas extractivistas. Es irónico que en las aldeas aledañas a las hidroeléctricas no haya energía eléctrica.

¿Qué comentan en tu comunidad cuando te oyen cantar y decir en tus letras estas cosas?

-Hay algunas personas a quienes sí les parece, hay otras que me han dicho que no soy tan explícitas en decir nombres. Mi fin no es crear conflictos. A muchas personas gusto y a otras disgusto.

“mi papá cantaba música religiosa. Estamos en un país donde nos arrebataron nuestras tradiciones y la práctica de la cosmovisión maya, algo que se tachaba de satanismo. En fin, el cantaba esa música porque todo el entorno era religioso”

Conforme avanzas en la música, ¿no se te hace más difícil ser artista?

-Sí es más difícil. A veces quisiera alargar el tiempo pero disfruto mucho lo que hago. Hay días que no puedo dormir o estoy tocando o escribiendo algo. Estoy en proceso de aprender a trabajar con el miedo. Siento que el miedo nos hace sentir mucho. Si no se siente ese nerviosismo, no sentiríamos lo suficiente.

¿Y es cuesta arriba trabajar como cantante, mujer e indígena?

-En Guatemala no se le da valor al arte. No el suficiente. Es difícil y sigue siendo difícil.

-Pero por ejemplo vas a un lugar o a una institución, ¿se te abren rápidamente las puertas o encuentras muchos obstáculos para presentarte?

-Me he encontrado con situaciones y con personas que me conocen, pero hay otras que no han escuchado nada de mí. Obviamente no me abren las puertas rápidamente. Pero también existe el problema de la discriminación. Sí me he topado con gente que muestra mucha discriminación hacia los pueblos indígenas y sobre todo a las mujeres. Por supuesto que los hombres tienen muchos rasgos, pero para nosotras las mujeres que portamos traje indígena, la discriminación se presenta.

-¿Te infravaloran?

-Sí, yo pienso que sí. Les compartía un día a unos amigos que una vez tuve que cruzar un centro comercial. Venía de Comalapa, traía mi guitarra en la espalda y mi mochila, y al toparme con una señora, entre tanta gente, me dijo: “Los indios no son para la música, sino para trabajar”. Es doloroso escuchar esto, porque no solo me lo está diciendo a mí, sino prácticamente a todos los pueblos indígenas. Es triste escuchar eso en estos tiempos, a pesar de que el proceso de erradicación de la discriminación ha avanzado, pero uno ve que ha sido lento, muy lento. Al ocurrir eso tuve dos opciones, o me quedaba con ese sentimiento doloroso o seguía caminando y continuaba para adelante y demostrarle a esa señora, y a todos los que piensan como ella, que está equivocada y que también debería abrirse. Pienso que mi trabajo es una contribución a erradicar la discriminación, y si no es total, al menos me gustaría ser parte de ese proceso.

(Nota: esta entrevista fue realizada a mediado de 2015 y publicada en la edición impresa de LOCAL TIMES)

 

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